miércoles, 7 de enero de 2009

san sylvester


La calidad de las imágenes deja bastante que desear...


Estoy segura que este año mi horóscopo chino no es la oveja. Confío que sea un animal de naturaleza solitaria y ermitaña. Un oso hibernador, por ejemplo.

Empiezo el año cuestionando lo dicho en el anterior. Dejemos entonces Una vez al año no hace daño como el título de una película del landismo por lo menos, realizada en la Deep Spain.

Y es que no tengo muy claro si quiero otra vez que un gigantesco cabrero llamado San Sylvester me tenga en su redil. Tenemos un año por delante para dilucidar dicha cuestión. Pero me cuentan que este cabrero empezó con un par de ejemplares y gracias a su astucia y dotes comerciales consiguió el mayor rebaño de su comarca. El señor de las ovejas le llamaban.

Acudimos a la carrera el clan Whitetower al completo, al sumarse también el primogénito de la familia, Francisco, que respondió ante la tan animal llamada de la sangre. Otros también se sumaron ante tal congregación, Daniele, Fifi y David, siendo éste último el más experimentado, con 13 maratones acumuladas en sus piernas.


Una vez allí y mientras esperábamos pacientemente a que nos sacaran a pastar, a punto estuvimos de extraviar a una de los nuestras. Hubo que recurrir al alzamiento de Pilar y Eva a manos del resto del grupo. Nuestras torpes maniobras sosteniendo en volandas a nuestras vedettes particulares sirvieron para que pudiéramos localizar la plateada cabeza del mayor de los Whitetower. Tras estos breves y angustiosos momentos, se dió el pistoletazo de salida de una carrera atropellada, anárquica y caótica. A punto estuve de dejarme los piños clavados en el duro asfalto de la primera cuesta en Concha Espina, gracias también a la cantidad de basura y desperdicios arrojados al suelo. Ni que decir tiene que mis plegarias no fueron escuchadas, ya que pude de nuevo comprobar el hedor chotunesco de algunos de mis congéneres que pulularon a mi alrededor; a su favor mencionar también que el tejido de la camiseta color esperanza dejaba mucho que desear, siendo carne de cañón para la absorción de nuestros efluvios más desagradables.

Nuestro comando salió con la premisa de empezar y terminar todos juntos, luchando con la masa, acoplando nuestros diversos ritmos para que el grupo no se disolviera. Un comando rico en lesiones, amateurs y débiles entrenamientos. A los obstáculos obvios y lógicos de una carrera, es decir, miles de corredores desincronizados, hay que sumar bicivoladores e incluso patinadores maleducados que hicieron cabrear a todos los integrantes del comando.


Os aseguro que no hay más Whitetowers!!!


Con nuestras isotónicas en las manos


El mismo recorrido un año después, más animación, menos música de acompañamiento, y muchas más ovejas en el rebaño que impedían que nuestras piernas adoptaran su ritmo natural. Llegamos a Vallecas entre fuegos artificiales y con las manos entrelazadas, para poner la guinda al pastelón festivalero y deportivo que dejábamos atrás. Me sentí liberada al despegarme del grupo y de la masa, como oveja negra y solitaria que soy, con el sabor en los labios de una pegajosa bebida isotónica y muchas ganas de hincarle el diente al cordero.



Happy new year!

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Una vez al año no hace daño




La San Silvestre y Nike.
Como uña y mierda.

El Blockbuster de las carreras populares, la super producción made in Hollywood que arrasa entre la plebe y al mismo tiempo horroriza a las minorías selectas y privilegiadas de este sacrificado mundo. Carreras de popcorn y un robacuartos de primera categoría, que diría un atlético Carlos Boyero entre otras lindezas.

Buah! Y qué más da? ¿es que acaso crees que no formas parte del rebaño, amigo? ¿y por un día? Acaso sólo degustas cine de autor? ¿nunca viste Titanic?

La San Silvestre es lo que Rock in Rio a los festivales musicales, Ken Follet a la literatura o las poperas láminas de Audrey Hepburn al pseudo arte; suntuosos envoltorios vacíos en su interior, bonitos caramelos de colores con sabor a nada rellenos de aire. Pero a todos nos gusta comer uno de vez en cuando. Cierto es que para otros tantos es el menú de cada día.

El dinero. El honor. Ya, ahí te doy la razón. Celebremos iniciativas como Correrporlapatilla.com, o los corredores okupas que deciden no pasar por el aro (o por taquilla) y no abonar los 17 eurazos que vamos a soltar a la multi del logo alado, y no hablemos de los 30.000 hombres-merchandising que seremos esta tarde, promocionándoles a bombo y platillo. Pues sinceramente, me da igual. Ellos están para vender, y nosotros para comprar. Y si no quieres no compres, y si no quieres no pagues. Y tan ricamente.

No nos engañemos, somos masa y formamos parte de ella. Y ser más consciente que nunca una vez al año no hace daño. Sólo pido una pequeña cosa; higiene. Sí, higiene. Toneladas de carne humana sublimada por el esfuerzo puede ser un cóctel molotov no apto para sensibles narices como la mía. Por favor, que no me ronde ningún sobaco maloliente en el reducido perímetro que me toca.

Por ser el último del año doy las gracias a todos los que pasaron por aquí y dejaron un poco de sí mismos.

Nos vemos esta tarde ovejitas mías.

martes, 23 de diciembre de 2008

¡Qué bello es Aranjuez! (Crónicas navideñas)



3 semanas y media después nos vimos en Aranjuez.

3 semanas de descanso y media de entrenamiento.

Duelo al sol; mis piernas y yo, yo y mis piernas, hijas díscolas de su madre y rebeldes impenitentes.

El día anterior a una competición es necesario el descanso. Evita copiosas y obligadas cenas tan típicas en estas fechas, (y a las que cada vez encuentro menos sentido), y no te dejes llevar por negativos pensamientos y/o de gran complejidad intelectual; esto último no será un esfuerzo en muchos casos, basta con no leer Ser y Tiempo de Heidegger por ejemplo, que no nos recuerde el inexorable paso del mismo, y así evitar la presión previa a la carrera en la lucha contra el crono y ser el hazmerreír en vuestros círculos deportivos adyacentes. Como ejemplo, os recomiendo visionar la jornada previa un Bricomanía, preparar una deliciosa tarta de queso o leer un Marie Claire como eficaz método de atocinamiento.

Qué bello es Aranjuez, qué marco incomparable, un enclave privilegiado para usted y su familia, con todo lo que necesita a su disposición, bien comunicado y con multitud de servicios... este texto, que bien parece extraído de cualquier folleto de una inmobiliaria a punto de quebrar, describe Aranjuez, la mar de bonito.

Allí nos juntamos los dos clanes, Pataliebri y Whitepowerini, dos de las numerosas famiglias de la mafia atlética. Representando a la primera, el capo Jose Sensey acompañado de Tito, Jota, Juan, Jorge y David. En confronto, las hermanísimas con todos los bambini en sus regazos. También presentamos nuestros respetos a don Paolo NSN en la línea de salida.






3,2, 1, pam! Salimos propulsados por las calles de Aranjuez; el primer tramo que no resulta muy halagador a nuestros ojos, (poligonero y con olor a pedo rancio) da paso a una sinfonía de ocres, sienas y tostados, y una gigante bufanda multicolor se enreda en los árboles desnudos. Qué preciosa estampa, galopando entre los reales jardines en un soleado día invernal.

'Cause You Can't You Won't And You Don't Stop!!, me cantan los Beastie Boys al oído. Me siento bien, trotando a ritmo sosegado, disfrutando el paisaje y sobre todo, de la agradecida ausencia de cuestas. Eva y servidora rematamos la faena en 58’ brutos, 56’ netos. Pilar supera la hora de forma muy meritoria; agradezco en su nombre desde aquí a Tito, ayuda inestimable para que la primogénita de las Whitetower consiguiera su objetivo.





El resto de los Pataliebri sacaron sus mejores armas y pisotearon el crono como bien saben hacerlo. Es su especialidad, puro atletismo organizado, (ver crónica del asalto en su blog).

Sí, me reitero, qué cabronas son mis piernas, qué bonita es la camiseta de la bolsa, qué hermoso es el río y sus patos, qué bien sientan las post cañas, el cigarrito de después y... qué bello es Aranjuez!

lunes, 15 de diciembre de 2008

show must go on!!



Como en aquella horrible canción.

33 son los años que cumpliré en el 2010 y 33 son los minutos que ayer corrí tras 3 semanas de parón; 30’ otorgados por prescripción facultativa y los otros 3 regalo de la casa.

Tras abrir el ojo ayer a las 12 y pico de la mañana, decido que es el momento de salir a escena y realizar una correcta interpretación teniendo en cuenta las molestias de las pasadas semanas. Tras desayunar un tibio cola cao con galletitas, me enfundo mi traje deportivo dominguero para ir entrando en el personaje al más puro método de Lee Strasberg. De riguroso negro y con mi chaqueta chandalera de yonqui de Pan Bendito, salgo a comprar el periódico, echar gasolina y visitar el Carrefour. Cuando quiero darme cuenta, son casi las 3 de la tarde, así que mi programado estreno deportivo parece abocado al retraso. Siempre nos quedará la depresiva tarde del domingo.

Pánico escénico, miedo al precipicio. Inconscientemente estoy retrasando el fatídico momento. En vez de preparar un rápido plato de pasta, descongelar el potaje de garbanzos de la semana pasada o tirar del asiático recién estrenado de debajo de casa, decido preparar un delicioso asado con patatitas y puré de manzana para acompañar. A las 5 de la tarde empiezo a comer. ¿Quién va a moverse con semejante piedra en el estómago? Necesito reposar y digerir. Retrasamos de nuevo la función.

Tras una siesta en el sofá, vuelvo a abrir el ojo a las 8 de la tarde. Tírate por el puente joder, me dice una voz interior. Con los ánimos algo bajos, decido por fín salir al exterior a correr de una puta vez. La sesión empieza a las 8 y media.

¡Qué frío carajo! Noto como se forman estalactitas en mis fosas nasales que cortan mi respiración. Me acompaña una arrítmica hiperventilación producto de los excesos de los últimos días; birras, copas y cigarrillos a gogó. Tras unos 25' aprox, un amago de flato me invade acompañado de unas arcadas que me recuerdan que quizá mi digestión quedó parada a los 33' de ingerir alimento. Me detengo ante la mirada de los pocos y valientes transeúntes y cabeceo boca abajo, por si el asado desea salir al exterior. Cualquier diría que vengo de botellón.

Vuelvo a iniciar la marcha algo más tranquila y sosegada. Al llegar a casa estiro bien y me doy cuenta por primera vez que mis piernas no se han quejado en ningún momento, pero sí mi pecho, mi estómago, mi cabeza...

Función terminada, aplausos en la sala, felicitaciones y una buena ducha de 33’. Hasta el próximo show.

jueves, 4 de diciembre de 2008

De apariciones marianas



10 días de inanición deportiva. Mis piernas gimotean tenuemente y yo, ay mísera de mí, ay infelice, apuro remedios y distracciones que aplaquen su hambre y dolor.

Fiebre del sábado noche; acudí a un traumatólogo de urgencia. Tras tumbarme en la camilla y remangarme los vaqueros, comenzó a acariciar mis suaves y recién depiladas piernas no con eróticas intenciones, sino para averiguar qué demonios se oculta tras ellas. Imaginaba violentos masajeos y una exploración casi hostil para que la verdad aflorara y sin embargo, unos torpes toqueteos de inexperto colegial bastaron para confirmar la ausencia de periostitis sin precisar que ocurre en la parte inferior de mi cuerpo. Ibuprofeno a toneladas y algún relajante muscular que me haga babear son sus recomendaciones. Ni hablar de correr.

10 años de estudios universitarios avalan semejante diagnóstico. No necesité yo tanto para llegar a idéntica conclusión.

Y aquí estoy. En el mismo jodido punto. 10 días después, con menos dolores pero sin visos de recuperación. Como en el cuento, sin saber qué camino escoger ; optar por un médico deportivo privado que me exprima y me saque los cuartos, acudir a un fisioterapeuta que me meta mano como dios manda, o algún podólogo que me confeccione unas plantillas como sastre que cose un traje a medida.

La gente no cree en lo invisible. Lo que no se ve no existe. Incrédulos les digo yo. Algo así ha ocurrido en mis piernas. Una aparición mariana en toda regla. Ahora soy la Bernadette del atletismo popular y predico una verdad que sólo yo conozco resultando imperceptible a los demás.

Manifiéstate o desaparece para siempre!!

martes, 25 de noviembre de 2008

I´ve got you under my skin



Arnould Moreaux me dice que quizá podría ser el tibial posterior, el soleo o tal vez la cara más externa del gemelo. Qué sé yo. No consigo claramente descifrar qué tengo debajo de la piel que me cubre las piernas. Quiero saber cual es el músculo exacto que me la está jugando. Tampoco soy capaz de averiguar si se trata de una simple sobrecarga o quizás el preludio de una lesión. ¿Cómo podría descubrirlo?
Digamos que en este asunto soy virgen. Ni esguinces, ni puntos (sólo grapas), ni inflamaciones miológicas. Sólo una clavícula partida que me permitiera salir del cuerpo de mi madre para poder respirar.

La lesión es al corredor lo que la cornada al torero. Señal palpable de sufrimiento, esfuerzo y experiencia. Nadie la desea para sí, pero una vez que te alcanza, es casi de obligado cumplimiento exhibirla cual condecoración otorgada al veterano de guerra. Batallas de abuelos corredores, con solera, recitadores de historias de serratos maltrechos, gemelos malheridos y tobillos indispuestos. Chascarrillos que al igual que nosotros, corren como la pólvora en las esquinas de cualquier carrera popular que se precie.

Mis doloridas piernas me chillan cada vez que salgo a correr. Siento pequeñas y agudas punzadas cada vez que mi zapatilla se estampa contra el suelo. Exhalo un lastimero ay mientras aprieto los puños para sobrellevar el dolor. Al detenerme, las observo y pienso en los desconocidos fibrosos que se esconden tras ellas. No puedo evitar pensar en el aspecto de la bandeja de churrasco comprada el día anterior en el Mercadona; rojos, carnosos y veteados. Ante el desconocido, mi mente dibuja un retrato robot.

Pronto sabré si padezco una lesión, y con ella, mi admisión en el club de los elegidos. Me siento como una intrusa a punto de pasar la prueba definitiva en los Boys Scouts. O tal vez sea el final de mi corta carrera en el atletismo popular. Quién sabe. Esto se lo contaré a mis nietos, seguro.

martes, 11 de noviembre de 2008

del sentimiento whitetoweriano de la vida




Ahora los días ya son más cortos y la vida en las calles se repliega hacia dentro. No más terrazas, ni carricoches entorpeciendo el paso, ni tan siquiera familias chandaleras con las que cruzar nuestra mirada. Domingos otoñales que discurren en las barras de los bares, entre calamares a la romana y cañas con sabor avinagrado. Vuelta a la vida interior.

Correr es vida interior. Y reflexión. Tú contigo y yo conmigo. Corriendo por el exterior.

Correr es ordenar pensamientos.
Endurezco mis gemelos y sudo la camiseta al mismo tiempo que pongo mi cerebro a trabajar exprimiendo los pensamientos que uno lleva dentro; ideas, reflexiones, preocupaciones... Pensamientos diversos que comprenden desde los absurdos a los más importantes de mi vida. Coloco a cada uno de ellos en el lugar que le corresponde, encontrando su verdadero sitio e importancia; los desnudo, exponiéndolos a la luz para verlos tal como son, sin exageraciones que me obstaculicen. Correr es encontrar la medida exacta de las cosas.

Corriendo soy capaz de cocinar mentalmente un pollo al chilindrón, discutir con un compañero de trabajo, hacerme mi planning semanal de actividades y redactar la crónica del blog, porque también esta crónica pasó por mis pies antes que por mis dedos.


Al volver a casa, siempre tengo la sensación de haber solucionado algo en mi vida, de haber puesto orden en el caos. Mi vida entera pasa por mis zapatillas.