La calidad de las imágenes deja bastante que desear...
Estoy segura que este año mi horóscopo chino no es la oveja. Confío que sea un animal de naturaleza solitaria y ermitaña. Un oso hibernador, por ejemplo.
Empiezo el año cuestionando lo dicho en el anterior. Dejemos entonces Una vez al año no hace daño como el título de una película del landismo por lo menos, realizada en la Deep Spain.
Y es que no tengo muy claro si quiero otra vez que un gigantesco cabrero llamado San Sylvester me tenga en su redil. Tenemos un año por delante para dilucidar dicha cuestión. Pero me cuentan que este cabrero empezó con un par de ejemplares y gracias a su astucia y dotes comerciales consiguió el mayor rebaño de su comarca. El señor de las ovejas le llamaban.
Acudimos a la carrera el clan Whitetower al completo, al sumarse también el primogénito de la familia, Francisco, que respondió ante la tan animal llamada de la sangre. Otros también se sumaron ante tal congregación, Daniele, Fifi y David, siendo éste último el más experimentado, con 13 maratones acumuladas en sus piernas.
Una vez allí y mientras esperábamos pacientemente a que nos sacaran a pastar, a punto estuvimos de extraviar a una de los nuestras. Hubo que recurrir al alzamiento de Pilar y Eva a manos del resto del grupo. Nuestras torpes maniobras sosteniendo en volandas a nuestras vedettes particulares sirvieron para que pudiéramos localizar la plateada cabeza del mayor de los Whitetower. Tras estos breves y angustiosos momentos, se dió el pistoletazo de salida de una carrera atropellada, anárquica y caótica. A punto estuve de dejarme los piños clavados en el duro asfalto de la primera cuesta en Concha Espina, gracias también a la cantidad de basura y desperdicios arrojados al suelo. Ni que decir tiene que mis plegarias no fueron escuchadas, ya que pude de nuevo comprobar el hedor chotunesco de algunos de mis congéneres que pulularon a mi alrededor; a su favor mencionar también que el tejido de la camiseta color esperanza dejaba mucho que desear, siendo carne de cañón para la absorción de nuestros efluvios más desagradables.
Nuestro comando salió con la premisa de empezar y terminar todos juntos, luchando con la masa, acoplando nuestros diversos ritmos para que el grupo no se disolviera. Un comando rico en lesiones, amateurs y débiles entrenamientos. A los obstáculos obvios y lógicos de una carrera, es decir, miles de corredores desincronizados, hay que sumar bicivoladores e incluso patinadores maleducados que hicieron cabrear a todos los integrantes del comando.
Os aseguro que no hay más Whitetowers!!!
Con nuestras isotónicas en las manos
El mismo recorrido un año después, más animación, menos música de acompañamiento, y muchas más ovejas en el rebaño que impedían que nuestras piernas adoptaran su ritmo natural. Llegamos a Vallecas entre fuegos artificiales y con las manos entrelazadas, para poner la guinda al pastelón festivalero y deportivo que dejábamos atrás. Me sentí liberada al despegarme del grupo y de la masa, como oveja negra y solitaria que soy, con el sabor en los labios de una pegajosa bebida isotónica y muchas ganas de hincarle el diente al cordero.
Happy new year!







