A la vuelta de la esquina la muy perra te espera para hincarte el diente. Algunas personas, como yo, somos más apetecibles a su instinto devorador, otras sin embargo, pasan de largo ante ella sin apenas reparar en su destructora presencia. Me siento tan deseada por ella, que incluso a veces consigue despedazarme y engullirme, como si fuera un sabroso chuletón a la piedra.
El Ansia es una vieja conocida de la familia Whitetower. Viene de vez en cuando a saludarnos, aunque nosotros nunca la invitemos a nuestras fiestas y eventos. Se trata de la típica vecina entrometida y fisgona, un Nosferatu repartidor de opiniones absurdas que nadie previamente solicita. Su cara se metamorfosea con frecuencia, a veces se asoma nerviosa, otras nauseabunda, por momentos parece sorda y en otros te produce fuertes dolores de cabeza. Su aparición es fantasmal, incómoda y temible.
Pero hoy, y sin que sirva de precedente, quiero agradecerle más que nunca un par de cosillas a esta amiga; sin su inestimable ayuda, jamás hubiera dado un paso tras otro, ni me hubiera calzado las zapatillas, ni hubiera salido impetuosa a correr y al mismo tiempo destrozarme las piernas tratando de darle esquinazo a su figura pesada e insistente.
Y así sigo hasta el día presente, corriendo con ella abrazada a mi cuello mientras yo trato de dejarla abandonada en la cuneta, para después pisotearle el cráneo hasta que reviente; algunas veces lo consigo, otras sin embargo, se envalentona, batiéndonos en un duelo sin tregua donde yo ocasionalmente salgo mal parada.
Todo runner que se precie debería llevar sus perpetuas zapatillas siempre encima, bien sea en la mochila, trolley o similar; tan importante es llevar el uniforme requetelisto en cualquier ocasión y lugar, como el neceser de baño o el puñetero cargador del móvil, descuido habitual cuando las prisas acechan. Hablamos de una forma diferente de colonizar el lugar vacacional, dejando la sandalia de cuero y el calceto de lycra aparcado en la habitación del apartahotel de turno.
Allá donde van, los runners salen a la conquista del Oeste, como Clint, desprovistos de caballo, ensillando y sacando brillo a unos transportadores de 3 cms de espesor en PVC, con una velocidad variable entre 8 y 13 km/h aprox, aportando una vista diferente a la del paisano/guiri habitual. No danzan el estúpido baile de la grulla a cada paso recorrido, como áquel pseudo Forrest Gump unineuronal. ¿Recordáis?
Cuántos territorios desconocidos y conocidos que ser desvirgados con sus pisadas elefantíticas (en algunos casos) y ligeras (en algunos otros). Una forma lícita y consentida de escapar de la familia, bien sea en versión suegra-coñazo-topicazo o del muermo de pareja con la que apenas intercambian impresiones; mejor correr que correr, piensan algunos. Hay que ser runner estival.
Yo ejerzo vacacionalmente mi derecho a ser una runner a tiempo completo. De tiempos horrendos y tiradas agónicas, pero runner al fin y al cabo. Y como corredora estival, he visto este verano caminos ñascosos almerienses, polvorientos y abrasados por un sol devastador, tanto a las 8 de la mañana como a las 8 de la tarde.
Se trata de la vía de evasión perfecta para el hastío familiar e incluso, por qué no decirlo, una forma de escapar de las tremendas garras del chorizo, morcilla y demás embutidos maléficos que desean atraparme tarde tras tarde desde el frigorífico de mi madre. Hablo de esas viandas típicas con las que rematar una comida poco frugal y altamente calórica que en los pueblos suelen estilarse. De mi pueblo sureño, yo diría que son las migas, los gurullos y las gachas. Todas light.
Nada mejor que huir, sí, a través de bonitos senderos y de los cauces de un río seco que circunvala mi pueblo, arropados por campos de cultivo; mazorcales y algunas otras cosas indefinidas que mi escasa sabiduría rural ignora por completo. Resulta familiar corretear por sus caminos y vislumbrar una perspectiva diferente de aquel lugar, "dificil de vivir por dentro, bello al admirarlo desde fuera", pienso al detener la marcha, girar la cabeza y contemplar aquel montículo plagado de casitas encaladas en blanco mientras todavía respiro el magnético olor a jamón que inunda el pueblo y sus pedanías.
Puntualmente puedes cruzarte con algún cortijero que esboza una sonrisa misteriosa da vinciana, para recordar de manera fugaz que hace un mes que viste La matanza de Texas y que todo es posible en el sur profundo de cualquier lugar. Aunque peor es el Levante, como todos sabemos. Déjemonos de malos pensamientos.
En el correr como en tantas otras materias, la inercia nos lleva por los mismos caminos una y otra vez recorridos, tediosos y fastidiosos, que convierten el goce en una tortura. Hay que reenamorarse de vez en cuando, renovando las costumbres deportivas, modificando el entorno y lugar, conquistando nuevos Oestes o reedescubriendo aquellos que hace tiempo dejamos perdidos en la memoria, como Clint en la Almería profunda.
Mientras espero impacientemente la llegada de las ansiadas vacaciones playeras de chiringuito, nevera y chancla, sin olvidar el mítico pareo floreado estilo madre, dejo aquí el último vestigio que nos recuerda que el verano tiene como exclusivo objetivo el sude compulsivo, solo o en compañía de otros.
Y Nike una vez más, tiene el firme propósito de sacarnos los cuartos gracias a sus imaginativas y tópicas campañas, en esta ocasión destinada a las rollizas mujeres, ("suda el jamón a ti te pone bombón" dicen a ritmo de reggaeton). Si hablamos de sobrepeso, somos sin duda el público objetivo, ya que parece ser que el género masculino no adolece de este mal o al menos no es severamente castigado por ello.
Yo misma, sufro en mis carnes, (sobrantes de 6 kilos de chopped, según mi madre) el varapalo social y terrorífico que cualquier mujer en este primer jodido mundo se ve abocada a sufrir. Por cierto, es la puñetera tercera vez que hablo in the name of love, in the name of Nike, y tal y como está mi panorama laboral, que se dejen de tantos Ronaldos chachos pululando por las marquesinas de los subsuelos de la ciudad, y que me fichen, eso sí, previo pago de una comisión por publicitar y propagar su nombre a los 4 vientos.
Feliz verano y sudad jamones, paletillas y longanizas...
Subyugada finalmente por el aire villaconejiano y el espíritu campestre, acudí cual Reina de las Fiestas a la Legua de Tielmes, con la banda cruzando mi cuerpo serrano y el traje de lagarterana recién planchado para tan noble ocasión. Una urbanita de pro como yo disfrutando de lo lindo en caminos polvorientos y viendo como crecen los mazorcales en flor, tan apetecibles para revolcarse entre ellos, como antaño.
Legañas y esparto en un pueblo-pueblo, plagado de tinajas y carromatos, de churros y chacinería rancia a tan sólo 30 minutos escasos de Madrid. Muy recomendable para pasar las veraniegas tardes del sábado.
Tras cruzar con el coche el Molino Cantalarrana, uno divisa en el horizonte tras un par de rotondas, el perfil tielmense en plena ebullición y jolgorio, carrera y fiesta popular de la mano, con sus atracciones infantiles, sus cabezudos, e incluso el miniescenario de rigor engalanado con la bandera española mientras un descerebrado de camiseta celeste y cara de pocas neuronas pincha música infernal para provocar y sacar el nervio a flor de piel. Y mientras yo, con pocas ganas de calentar y estirar (como siempre), me pregunto una y otra vez si seré capaz de hacer algo digno en la Carrera, teniendo en cuenta que el día anterior me metí entre pecho y espalda docenas de cañas y docenas de cigarrillos en la esquina de mi bar favorito.
Sin embargo, sería el mágico aire rural o quizás las enaguas de la abuela que me puse debajo de los shorts, que me hicieron apretar y no mirar atrás más de lo necesario, para rematar de una manera más o menos digna la legua, e incluso adelantar al típico-tonto-del-pueblo que corre con esparteñas y sombrero de paja, clásica postal de la carrera villaconejiense de nuestros días.
Con la bolsa del corredor en la mano...por cierto, muy bien amortizados los 5 euros de inscripción, ya que incluso regalaban condones, ultimamente se estila mucho esto de dios los cría y ellos se juntan, si hablamos del mundo del running o de la calceta mismamente, (otro día contaré la de parejas deportivas que se encuentran furtivamente en los baños mientras se prenden los imperdibles de los dorsales)... como decía, con la bolsa del corredor en la mano y el algodón de azúcar en la otra, dejé Tielmes, que era una fiesta hemingwayana para volver al asfalto y a la cruda realidad.
En estos dias ya veraniegos que nos acompañan, con el sol azotándome en la espalda cada vez que salgo a trotar por las calles y parques de mi ciudad, me veo obligada a reducir minutos de entrenamiento si no quiero desfallecer en el cruel intento. Mis salidas se asemejan cada día más al juego de la sillita musical, me muevo, me paro, me muevo, me paro... en definitiva, un asco inesperado si de correr hablamos.
Pero como no sólo de correr vive el runner, hay otros movimientos fantásticos para sudar y completar nuestros ejercicios diarios, desde las fantásticas sentadillas del amor pasando por el bailoteo desenfrenado, propicio en estas noches de verano que invitan a la pasión y al romance. Por ello, y en sintonía con estos dos anacrónicos y desfasados términos, saco mis lentejuelas al tiempo que os propongo una lista de música especial para este fin; salpiques de disco, gotas de sintetizadores, chorros de reggae y algo de sentido del humor. Moved vuestros traseros y vuestras adoradas Asics, Mizuno, Nike o similares. No olvideis nunca en el bolso un buen protector y lubricante a gogó, (sugerencias para la bolsa del corredor moderno de hoy en día, especialmente de cara (y revés) para la próxima carrera del Orgullo Gay. Y a correr!
1º "I feel love" Donna Summer
Amparada bajo los brazos italianizados de Moroder, he aquí un verdadero jit para mover el esqueleto en las noches veraniegas y si os atrevéis, en vuestros sudorosos entrenamientos estivales. Sonido synth y mucha brillantina.
2º "Copacabana" Barry Manilow
"Her name was Carmen, she was a runneeeeer...", algo asi pienso yo cuando escucho esta canción. Sonidos tropicales que incitan a un cocktail runneril bien cargado; un poquito de ginebra, un poco de soda, hielo (el mismo que usas para reparar tus roturas fibrilares en las piernas) y un buen chorro de aquarius ...y a desempolvar el traje de Carmen Miranda!!
3º "Last night a runner saved my life" Indeep
Quizás no la última noche, pero sí en la última carrera, un amable corredor me hizo de liebre particular para salvar mis terminales y agónicos minutos en la cuesta de la muerte... Bueno, en realidad esto es absolutamente falso, siendo una vez más pura invención whitetoweriana, pero me viene de perlas para ilustrar esta canción.
4º "Dreadlock Holiday /Independent Women" 2 many dj´s (10cc vs Destiny´s Child)
A veces de mezclas engendras surgen cosas/personas interesantes (excepto en el caso de Paquirrín), y éste es un claro exponente. Los alter ego de Soulwax lo hicieron en este mejunje musical. El siguiente corte en el disco es versus Nine to five de la tetona de Dolly Parton. Con un par, nunca mejor dicho.
5º "Disco Inferno" The Trammps
Burn baby, burn, o Run baby run, he aquí la cuestión. Espero en mi entrenamiento de hoy, mientras corro, no achicharrarme demasiado bajo este sol abrasador. Pura fiebre, de jueves (que es hoy).
6º"Promise land" Joe Smooth
Sonidos primigenios houseros de Chicago para este clásico de las pistas de baile. Atención al video (de mierda), donde uno puede ver los estilismos negroides de la época, deplorables ciertamente, y el sinsentido de las imágenes que acompañan esta canción. Si alguien quiere saber alguna curiosidad, he de decir que hasta un Paul Weller un tanto en decadencia, con The Style Council dando los últimos estertores, se atrevió a versionar esta canción. Ese vídeo tampoco tiene desperdicio. Ah! Y a correr millas.
7º "Streetplayer" Spectrum
La canción original es de Chicago, sí, aquellos que cantaban el If you leave now, en su vertiente disco power, sólo que cuelgo aquí una versión de un grupo japonés (!!!) setentero que tiene mucha más gracia.
8º "My Cherie Amour" Triple S Connection
Estaba yo buscando la versión que de este clásico de Stevie Wonder hacía una tal Orquestra Novel que Dimitri from Paris recopiló en sus discos de Playboys y lounges variados; sin embargo, encontré por el camino ésta, que me ha gustado mucho más y que además, tiene su espacio youtuberense. Seguid corriendo.
9º "From here to eternity" Giorgio Moroder
Otra de Moroder, me pirra su sintetizador, y estos videos (sin acento), que ni Nam June Paik en sus mejores momentos de inspiración. Tipejo bigotudo y hortera, que se atrevió a hacer una nueva banda sonora para Metrópolis. Yo quiero brillar así, como la prota del vídeo, y que cuando entre en meta en la próxima carrera popular, un montón de confeti caiga sobre mí!!
10º "Slave to the rhythm" Grace Jones
El clásico por excelencia, la canción especialmente indicada para estirar vuestras piernas, glúteos, gemelos y todos aquellos músculos que hayáis empleado en vuestra dura sesión deportiva. Es curioso que si hace 10 años hubiera dicho que me gustaba este tema de la Jones, más de uno se hubiera rasgado las vestiduras, pero ahora es moderno y cool. Actúa hasta en el Sónar.
Como la Escarlata O´Hara suburbial que siempre fuí, vuelvo al sur, a la tierra que me vió nacer. No hablo de la tierra roja de Tara, sino del asfalto urbano de mi barrio, Carabanchel de mis suspiros. Pese a que no soy yo precisamente de esas personas que proclaman y reivindican el orgullo de ser nacido en un determinado barrio, ciudad o nación, reconzco que mola trotar por calles que uno podría recorrer con los ojos cerrados, por donde has pasado mil veces; las mismas calles que te vieron emborracharte, morrearte, y drogarte. Porque Carabanchel topicazos aparte, siempre fue un sitio dado a ésto. Yo no crecí entre algodones precisamente, sino entre jeringuillas y litros de alcohol, Ramoncín alias el pringao dixit. La vida es así.
Y pese a los pocos sentimentalismos que me unen a él y sí los muchos recuerdos y el gusto por la vida tranquila y barrial, el Whitetower Power tenía que estar allí, con algunos añadidos, siempre y desde ahora bienvenidos.
Por desgracia, el team no pudo estar al completo, Eva y Fifi, Fifi y Eva, integrantes del comando carabanchelero, se quedaron roncando en su hogar, tal vez soñando con el careto de Rosendo en perpetua espiral. Quién sabe.
Pero ahí estuvimos Pilarcita y yo misma, en una carrera dura de pelar y subir, a tenor de la gran cuesta que ocupó prácticamente el 80% del recorrido, y que nos hizo sudar la gota gorda, casi tanto como en un concierto de AC/DC. Un público clamoroso, sudoroso y entregado al espíritu del barrio, punzando al aire el grito del rock urbano, con los brazos extendidos y púas en las manos, y yo, tal vez secretamente emocionada por la tierra roja de Tara que me vió nacer, saqué a pasear y correr la melena al viento (algo cardada con Elnett de L'oreal), y al heavilongo cuarentón que todos llevamos dentro.
Por desgracia, y una vez más, ésto fue producto de mi mente fantasiosa y calenturienta; en la línea de salida nos torturaron con un disco pasado de rosca de Mecano,(como todos los suyos) y en una de las cuestas finales pude contemplar unos altavoces en el suelo, pero mi querido ipod me taponaba las orejas lo suficiente para no escuchar con qué aberración la organización nos deleitaba tan agónica subida. Quizás fuera una estrategia inquisidora extraída de La naranja mecánica y dejarnos el seso en estado gaseoso. Quién sabe.
Con mucho calor pero sin demasiado sufrimiento, terminamos la carrera ambas Whitetower, no en el mismo momento pero sí en el mismo lugar, sin mención de tiempos porque fueron bastante lamentables. Lucas y Dani, los churumbeles de la primogénita whitetoweriana se unieron a la causa y a la fiesta barrial en la carrera junior, esperando y deseando que en un futuro pertenezcan a esta secta, que es el mundo del running y aledaños.
Después de tanta emoción barrial, vuelta al hogar, a la cama, a las comidas copiosas, a la vida contemplativa (esa que tanto me gusta), a la lectura y el zascandileo. Mi filosofía de existencia no es precisamente carabanchelera, pero sí hedonista a tope. Y que Rosendo me perdone.
Sin testimonio gráfico que acredite mi visita, ayer una servidora participó en la primera carrera del circuito Mapoma del presente año en Torrejón de Ardoz, la ciudad de las bandas sonoras. Esta descripción no se debe a que atrone constantemente por sus calles aquella empalagosa canción del borrachín de Joe Cocker, Up where we belong, no,no, es porque sus calles se encuentran atestadas de pequeños montículos que dificultan al máximo la conducción. Supongo que las autoridades temen a los militronchos beodos que pueblan sus calles en sus horas de permiso.
Sinceramente, no sé bien que contar en esta crónica, me cuesta cada vez más extraer cierta sustancia y gracia a estos eventos, que para ser sinceros, no son proclives a las reflexiones profundas o a la anécdota descacharrante. Pero sí podría destacar del día de ayer la pésima organización de Mapoma, que no sólo retrasó la carrera algo más de media hora al ritmo de los silbidos histéricos del personal, sino que nos hizo sufrir a mí, a dos de los Pataliebres (Alfredo y Jota), y al resto de los presentes, una kilométrica cola infernal para reactivar el chip del pasado año o realizar la pertinente inscripción de éste. De no ser por los atuendos deportivos, hubiera jurado que me encontraba en la puerta de El Corte Inglés el día 6 de enero junto a las maris que aguardan impacientes las rebajas más multitudinarias y chonis del año.
Una agradable rasquilla que se convirtió en un frío agudo y penetrante tras una hora de espera, nos mantuvo en un state alert hasta el comienzo de la carrera, 2 vueltas poligoneras que me hicieron constatar la fealdad de nuestros municipios madrileños y sus agrestes paisajes urbanos, aunque suene ésto último a contradicción. Horribles visiones a las que habría que sumar los escalofríos que mi cuerpo empezó a notar, y no de placer, sino una vez más, producto de la letal combinación del movimiento físico, exceso de transpiración y un solazo que atizaba pese al airecillo fresco que corría por aquellos lares torrejeños.
58’ minutos aproximadamente después, llegué a meta con la esperanza de ser recibida por un mulatón yanqui, fornido y mazas procedente de la base militar anexa, sin embargo, lo único que me esperaba era una enorme cola, de gente (puntualizo), que aguardaba ansiosa la consabida bolsa del corredor, con sus souvenirs de tercera regional y su camiseta que como todos sabemos, acaba enjironada, siendo pasto de Pronto multiusos del hogar.
Sola, cansada y exhausta, decidí prescindir del clásico por excelencia de toda carrera que se precie, y salir huyendo de Torrejón, la ciudad de las bandas sonoras, en busca de mi Richard Gere particular.